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Reportaje

Un “corralito” de esperanza y colectividad en un humedal de Córdoba

Revista Derechos
2025

La Ciénaga de Corralito es un pequeño paraíso verde y oculto en el municipio de Cereté, departamento de Córdoba. Allí conviven más de 100 especies de fauna silvestre. Si quisieras ver en plena libertad y tranquilidad chavarríes, chigüiros (ponche o cacó), hicoteas, babillas, iguanas, lobos polleros, zorras o zarigüeyas y a hombres y mujeres campesinos trabajando duro y en sinergia por el ecosistema, ese es el lugar indicado.

En línea de tiempo, la historia del humedal nos lleva a 1950. Existen fotos del Instituto 72 Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) que confirman que, para entonces, era este un cuerpo de agua de más de 2500 hectáreas que comprendía cuatro corregimientos: toda la zona que va, a orillas del río Sinú, desde Bocas de Lara, corregimiento de Severá, hasta Montón e Islas Blancas, escenario donde confluían los campesinos de la zona, canoeros y amantes de las faenas de pesca. De esa bonanza pasamos al panorama de hoy, cuando solamente quedan 561 hectáreas del humedal, de las cuales más del 90 por ciento fueron afectadas por un incendio que se extendió por varias semanas en 2020.

Entonces, ¿cómo se mantiene vivo un paraíso al que se le ha impuesto la condena de desaparecer? Lo que está claro es que se ha necesitado voluntad colectiva para el resurgir después de la quema (natural o provocada, todavía no se sabe) de hace cinco años. Que la ciénaga se haya recuperado es un milagro de la naturaleza y de las personas que se unen para lograr acciones positivas, porque los hombres y mujeres de la zona se han negado a que se siga resquebrajando su “corralito”. Para ellas y ellos no es una opción aceptar que la ciénaga se reduzca hasta desaparecer. Por eso contra todo pronóstico se han organizado, han unido esfuerzos y siguen luchando. Quedarse de brazos cruzados nunca ha sido una opción.

Luz Mery Correa, una aguerrida mujer lideresa de botas puestas que se conoce esta ciénaga como la palma de su mano, secretaria de la Asociación de Pescadores Artesanales, Cultivadores e Indígenas de Severá (Apacis) del municipio de Cereté, explica: “La iniciativa de organizarnos surgió en el año 2004 para velar por la protección del agua, la flora y fauna de la Ciénaga de Corralito. Esto ha sido como ver crecer a un hijo de todos, pero ¿cómo no?, si aquí se siembra todo lo que es de pancoger, se desarrolla la pesca artesanal, se garantiza la alimentación de la gente y la conservación del ecosistema. Nosotros empezamos con 145 asociados, personas conscientes de que defender nuestro humedal es defender nuestros derechos humanos colectivos y de medio ambiente. Luego nacieron las asociaciones, campesinas Asoparcer, Asopiscico, Apacis y, por último, Asoparcico. Hoy somos una familia de más de 380 miembros”.

El humedal Ciénaga de Corralito tiene una historia como la mayoría de los humedales en el país, donde la apropiación indebida de los colindantes y el abuso de estos a la confianza de campesinos y pescadores ha favorecido la reducción de la ciénaga y el crecimiento y expansión de la frontera agrícola para la ganadería y los monocultivos.

“Aquí hemos vivido históricamente un fenómeno que fue propiciado también por la debilidad estatal. Ese abuso de confianza a las poblaciones no conduce otra cosa distinta que, al desecamiento y la desaparición de estos espacios, por eso es que, desde 1980, los movimientos populares y campesinos han levantado la voz más y más fuerte. Uno podría decir que desde 1970, en pleno pico de la reforma agraria, se empezó a visibilizar esa usurpación, que no es exclusiva de Corralito, porque lastimosamente se repite en muchos humedales del país”, José Luis Ayala Galarcio, líder campesino y vicepresidente de Apacis.

Para llegar a constituirse como asociaciones campesinas, fueron muchos los avatares: asesinatos, desplazamientos forzados, hostigamiento, estigmatización, amenazas, intentos fallidos de organización colectiva donde la solución terminaba siendo cambiarle el nombre a la asociación. Después de 25 años, su lucha hidroambiental sigue en pie.

La meta, indica José Luis, ha sido el proceso de recuperación física y total del área deslindada, evitar que a la ciénaga se le sigan restando terrenos. Si antes eran más de 2570 hectáreas y hoy solo son 561 hectáreas y 9736 m², según lo estableció la Resolución 9341 de la Agencia Nacional de Tierras en 2019, ellos no están dispuestos a perder ni un milímetro más.

Y es que el incendio de 2020, por ejemplo, fue de los episodios recientes más duros que se han vivido en la zona. Fueron veinticinco días de llamas continuas donde los campesinos corrían para salvarse a ellos y a las especies del fuego abrasivo y expansivo que parecía no tener fin. Mientras unos animales morían, otros agonizaban y otros más se calcinaban. En la adaptación de nuevos espacios de recuperación para las especies sobrevivientes, el apoyo de la Policía Ambiental, el Ejército Nacional, la Alcaldía de Cereté, la Corporación Autónoma de los Valles del Sinú y del San Jorge (CVS) y el Ministerio Público fue indispensable.

Para recuperar las especies, incluso las casas de los campesinos se convirtieron en albergues temporales. La labor que se vino después fue devolver estas especies a lugares estratégicos y en condiciones seguras. Un trabajo arduo y en equipo donde prevaleció el compromiso con el humedal para que la vida y la esperanza no se acabaran.

Luz Mery asegura que esos son logros imposibles de alcanzar desde los individualismos, por eso destaca la contribución del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, la CVS, el Ministerio Público y de empresas privadas, junto a quienes ha sido posible sembrar más de 10 000 árboles desde entonces.

“Hoy existe un corredor ecológico por toda la parte norte del humedal que nos garantiza la producción de oxígeno y que contemos con condiciones ambientalmente favorables para las distintas especies. Por otra parte, las comunidades con presencia permanente garantizan un cuidado más eficiente; por ejemplo, ordenando el uso y manejo de playones para aprovechar y producir comida para nuestros campesinos y el autosostenimiento de las familias”, Luz Mery Correa.

“Después del incendio que arrasó con más del 90 % del humedal, la Ciénaga de Corralito volvió a respirar gracias a la voluntad de sus comunidades. Campesinos, pescadores y mujeres lideresas demostraron que cuando la esperanza se siembra en colectivo, la naturaleza también florece”.

A propósito de esto, es importante señalar que el trabajo amoroso y dedicado de las mujeres de la Ciénaga de Corralito ha sido uno de los aspectos más destacados para la misión colectiva. Conscientes de la importancia de la equidad de género, hombres y mujeres trabajan hombro a hombro en la defensa de su humedal, se autodenominan “biociudadanas y biociudadanos cuidadores del medio ambiente, la fauna, la flora y el agua; protectores del último pulmón ambiental de Cereté, Córdoba”.

Según el Grupo de Avistamiento de Aves de Córdoba, el humedal Ciénaga de Corralito es un sitio privilegiado para el avistamiento de aves. En sus dos últimas visitas al lugar, a pesar del incendio, comprobaron que las aves han vuelto: el gochó cienaguero, el colibrí topacio, el halcón peregrino y muchas especies más que hoy viven de manera armónica con el resto del ecosistema. Es decir, se están viendo los frutos.

“Esta ciénaga y nosotros como sus defensores somos fuertes. Aquí, a pesar de todo, hoy tenemos variedad de reptiles, peces, garzas, patos, todo lo que no se encuentra en otro lugar del departamento. Es tan biodiverso nuestro corralito que tenemos avistamiento de aves, una única especie de colibrí que es el colibrí topacio y aves migratorias que vienen desde el norte del continente o desde Europa. Nuestra meta a largo plazo es ser uno de los sitios Ramsar reconocidos por el Instituto Humboldt y que la gente pueda disfrutar de este destino ecoturístico. A mediano plazo, lo que queremos es que los terrenos arrebatados sean recuperados y convertidos en zonas productivas para los pequeños campesinos y en zonas hídricas para la pesca artesanal”, José Luis Ayala Galarcio.

“Defender la Ciénaga de Corralito es defender la vida, el agua y los derechos humanos colectivos. Aquí, cada árbol sembrado y cada ave que regresa son símbolo de resistencia campesina frente al olvido y la apropiación indebida de la tierra.”

En la actualidad se ha consolidado una relación amena basada en el diálogo entre los campesinos y los colindantes de la ciénaga. Las asociaciones en cabeza Apacis y de Asoparcer han optado por fortalecer las buenas relaciones con los finqueros y aprovechar para concientizarlos acerca del cuidado del humedal. Esa labor de promoción y divulgación se hace también con los visitantes, con los estudiantes de la región, quienes se sorprenden con la belleza de este espacio de vital importancia hídrica, ambiental y ecológica en la región.

“Corralito es de todos y para todos. A las nuevas generaciones les estamos enseñando sobre el cuidado de la naturaleza, de las especies faunísticas y el agua. Por ejemplo, aprovechamos el boom mediático del “capibara” e hicimos de este y de la hicotea las especies emblemáticas de la ciénaga, al tiempo que sensibilizamos sobre el hecho de que las serpientes y reptiles no son un peligro; que cada uno tiene su importancia en la cadena de la vida, una razón por la cual están en el entorno. Ahora lo que más nos mueve es que sean más los guardianes de la ciénaga, los cuidadores y protectores de la flora y fauna. En general todo el que llega a Corralito se convierte en un biociudadano más y, por fortuna, cada vez somos más. Este es nuestro “corralito” de esperanza y no lo vamos a dejar morir”, José Luis Ayala Galarcio.

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Ana Paola Martínez de la Ossa

Periodista colombiana especialista en Derechos Humanos y magíster en Comunicación. Amo documentar memorias y contar historias sobre migración, cultura y derechos humanos.

@anapaolamart

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Periodista colombiana especializada en derechos humanos y comunicación, enfocada en contar historias de migración, cultura y memoria desde una mirada sensible y comprometida.